Ser gay no impide ser madre o padre

Cristina siempre supo que era lesbiana. Desde muy pequeña las niñas llamaron su atención. También las muñecas, pues su juego predilecto era jugar a ser mamá o papá, en  dependencia de lo que pareciera en ese momento. Actualmente, para ella la vida no es un juego, sino que cada día lucha por construir junto a su pareja Yamira, una familia homoparental en la Cuba de los 2000.

Por:  Sandra Abd´Allah Alvarez Ramírez

Este podría ser uno de los tantos casos que parejas homosexuales que se enfrentan a la realidad de no poder satisfacer la necesidad de convertirse en padres y madres; lo cual constituye una evidencia rotunda de la homofobia estructural en la Cuba actual.

El ejercicio de la maternidad y la paternidad van más allá de la fertilidad en sí y la posibilidad o no de procrear; por tanto cualquier persona podría, si así lo decide, tener descendientes. Sin embargo la sociedad prescribe o legitima ciertas vías para convertirse en padre o madre.

En Cuba, una sociedad muy avanzada en algunos temas relacionados con la salud sexual y reproductiva, la familia nuclear, formada por papá, mamá y nene, sigue siendo el ideal, de manera que otras constelaciones, como podría ser las familias homoparentales o las producciones independientes, no son favorecidas por el imaginario social y tampoco por las leyes.

La Constitución de la República de Cuba reconoce la igualdad de todos los cubanos y cubanas. Nuestro sistema de salud es gratuito y universal, por tanto todos los ciudadanos deberíamos ser beneficiarios de sus bondades en la misma medida, pero la realidad es otra: para las parejas no heterosexuales está prescribe la aplicación de técnicas de reproducción asistida.

Si Cristina y su pareja acudieran a un centro de alta tecnología para la salud reproductiva es prácticamente imposible que ningún médico autorice la inseminación artificial de alguna de las dos. En mi opinión, se trata de una manifestación inequívoca de homofobia estructural que legitima directamente la creencia de que las personas homosexuales no quieren, no necesitan o no están aptos tener hijos o hijas.

La idea de que los gay y las lesbianas no quieren tener descendencia está frecuentemente conectada con la creencia de que la homosexualidad va en contra de la reproducción de la especie y que al tiempo que “escogiste” ser homosexual también te decidiste por la no-maternidad/paternidad.

En el imaginario social persiste la idea de que los homosexuales son, de serlo, padres o madres “defectuosos”, incapacitados educar a sus hijos e hijas en la heterosexualidad que tanto necesitamos para la estabilidad de la familia, y además que sus descendientes no van a tener los dos referentes, femenino y masculino, tan necesarios para el funcionamiento de una familia.

Toda esa carga de prejuicios al final lo que establece es un círculo vicioso entre las creencias del imaginario social y los servicios y programas del sistema de salud, en el cual queda atrapado un por ciento (aún sin determinar) de cubanas y cubanos, a quienes no les importaría contribuir a la tasa de natalidad del país.

Para Cristina, Yamira y para mí, sería ideal que el proyecto de Código de Familia, que permanece todavía sin presentarse a la Asamblea, incluyera el derecho a la parternidad/maternidad de las personas homosexuales cubanas. Es un acto de la más elemental justicia.

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Comentarios

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    Dicen que Cuba es Catolica, y otros que es Cristiana.
    Pero la verdad es otra se acuerdan de Santa Barbara cuando truena. Por eso ni creo en cambios y si que todos los cubanos hasta en exilio son comunistas y anti democraticos.
    Este podría ser uno de los tantos casos que parejas homosexuales que se enfrentan a la realidad de no poder satisfacer la necesidad de convertirse en padres y madres; lo cual constituye una evidencia rotunda de la homofobia estructural en la Cuba actual.

    El ejercicio de la maternidad y la paternidad van más allá de la fertilidad en sí y la posibilidad o no de procrear; por tanto cualquier persona podría, si así lo decide, tener descendientes. Sin embargo la sociedad prescribe o legitima ciertas vías para convertirse en padre o madre.

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    La respuesta que da la Biblia
    Dios creó al hombre y la mujer, y él estableció que las relaciones sexuales solo deben tener lugar entre esposo y esposa (Génesis 1:27, 28; Levítico 18:22; Proverbios 5:18, 19). Así pues, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo o entre un hombre y una mujer que no sean esposos están prohibidas por Dios (1 Corintios 6:18). Dicha prohibición abarca el sexo oral y anal, así como masturbar a otra persona.

    Ahora bien, aunque la Biblia desaprueba los actos homosexuales, también desaprueba la homofobia —es decir, el odio a los homosexuales—, pues nos da este mandato: “Respeten a todos” (1 Pedro 2:17, Nueva Traducción Viviente).

    ¿Puede alguien nacer homosexual?
    La Biblia indica que todos nacemos con la tendencia a ir en contra de los mandamientos de Dios (Romanos 7:21-25). Sin embargo, no dice nada específico sobre la genética de la homosexualidad ni sobre la causa de los deseos homosexuales. Lo que sí dice es que Dios condena los actos homosexuales, es decir, llevar a cabo dichos deseos.

    ¿Se puede complacer a Dios pese a tener impulsos homosexuales?
    La Biblia dice: “Den muerte a todos sus malos deseos; no tengan relaciones sexuales prohibidas […], dominen sus malos deseos” (Colosenses 3:5, Traducción en lenguaje actual). Para dar muerte a los malos deseos, que pueden dar lugar a faltas graves, hay que aprender a dominar los pensamientos y llenar la mente de cosas sanas, cosas que nos ayuden a combatir esos deseos (Filipenses 4:8; Santiago 1:14, 15). Tal vez sea muy difícil lograrlo al principio, pero con el tiempo va haciéndose más y más fácil. Dios promete ayudarnos a conseguirlo. Según la Biblia, podemos “ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa [nuestra] mente” (Efesios 4:22-24).

    Cabe mencionar que quienes tienen deseos homosexuales no son los únicos que deben luchar contra sus impulsos. Millones de personas tienen que dominar sus deseos a fin de agradar a Dios. Entre ellas se cuentan hombres y mujeres solteros cuyas circunstancias tal vez les impidan casarse, así como quienes están casados con alguien incapaz de tener relaciones sexuales. Todos ellos tienen que controlar sus impulsos y resistir las tentaciones. Y sin embargo, son felices. Igualmente, quienes tienen inclinaciones homosexuales pero de veras desean agradar a Dios también pueden ejercer autodominio y ser felices (Deuteronomio 30:19).